El cielo se cubre de nubes, pero no son nubes de ésas esporádicas y esponjosas o de las negras y amenazantes. Son nubes inciertas, de mal día de otoño: blancas, brillantes, indistinguibles. Difuminan la luz del Sol, lo ocultan, bloquean sus rayos de esperanza, pero nos dejan su luz, como indicando que quizás no todo está perdido, aunque la esperanza se desvanezca como los rayos que bloquean.
Ocultándome ésos rayos de luz, la vida insiste en mostrarme otra vez la cruda realidad, aquélla que prefiero ignorar creyendo que todo puede ser mejor, más fácil, espontáneo. Posiblemente busco un imposible en la vía que elegí, nadie lo sabe. Pero sigo confiando en ello, espero algún día cercano poder decir a nadie, a alguien, o a todos, que he conseguido cambiar mi mundo, aunque sea solo un poquito.
No sé si pierdo, no sé si gano. Quizás lo estamos perdiendo todo pero nadie se ha dado cuenta. O quizás estamos ganando todos pero no me he dado cuenta...
No hay comentarios:
Publicar un comentario