Escribir es de esas cosas que no recuerdo que hago. No es que sea un buen escritor, porque no tengo ni idea. Pero nunca me acuerdo lo positivo que es hasta que me lo recuerdan. Es terapia, me han dicho. Y es verdad. Debería hacerlo también cuando me siento bien.
También es algo muy útil para aquellos que nos cuesta tanto verbalizar con claridad nuestras preocupaciones, sentimientos y pensamientos, empezar una conversación sobre nosotros mismos. Una vez escrito dice exactamente aquello que quieres transmitir. Y puedes compartirlo, hacerlo llegar a aquella persona con quien no eres capaz de mantener esa conversación. O dejarlo en el limbo. Pero escudarse en el escrito para evitar eternamente tener que hablar es malo, pésimo, nefasto; es práctico, pero no es bueno.
No te olvides de hablar, no te olvides de escribir.
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